Quien recorre las carreteras de España acaba encontrándose, casi inevitablemente, con la silueta gigante de un toro negro recortada contra el horizonte. Lo que muchos visitantes no saben es que estas figuras de 14 metros de altura no fueron instaladas por el Ministerio de Turismo, sino por una empresa de bebidas. Lo que empezó como una estrategia de marketing en los años cincuenta terminó convirtiéndose en uno de los casos más curiosos de supervivencia cultural en Europa.
La presencia de estos gigantes sigue generando debate hoy en día. Para algunos, el toro representa tradición e identidad nacional; para otros, no es más que el rastro de una antigua campaña publicitaria. Lo indiscutible es que el toro sobrevivió al paso del tiempo y a los cambios legales, dejó de vender brandy y pasó a ser un icono visual que forma parte de la experiencia de recorrer España por carretera.

El origen del Toro de Osborne como publicidad de brandy
El símbolo más reconocible de las carreteras españolas nació como una campaña publicitaria. En los años cincuenta, el Grupo Osborne buscaba una forma de promocionar el brandy Veterano a lo largo de las carreteras del país y encargó al diseñador Manolo Prieto la creación de una silueta simple, potente y fácilmente reconocible a distancia.
Los primeros toros eran de madera y medían unos 4 metros de altura. La exposición constante al sol, la lluvia y el viento hacía que se deterioraran con rapidez. Para solucionar este problema, la empresa sustituyó el material por chapas de acero, con estructuras de unos 500 kilos, y aumentó la altura hasta los 14 metros.
El objetivo era crear un anuncio imposible de ignorar desde la carretera. La silueta negra podía verse a gran distancia y ayudaba a asociar la fuerza del toro con el producto. En la versión original, el nombre de la marca y el del producto formaban parte de la estructura y eran perfectamente visibles desde la vía.
Por qué el gobierno español intentó retirar los toros de las carreteras
La guerra contra los toros empezó de verdad en 1994. El gobierno español aprobó una nueva Ley de Carreteras que prohibía cualquier tipo de publicidad visible desde las vías. El objetivo era limpiar el paisaje y reducir las distracciones para los conductores.
A partir de esta ley, las autoridades ordenaron la retirada de todos los toros que estaban junto a las carreteras. Lo que vino después fue una reacción que pocos esperaban. Artistas, escritores, periodistas y ciudadanos comunes salieron en defensa del toro, argumentando que ya formaba parte del paisaje compartido del país. Para muchos, aquella figura de metal había dejado de ser publicidad para convertirse en un elemento ligado a la identidad de la España rural.
El caso llegó finalmente al Tribunal Supremo. En una sentencia que sorprendió al mundo jurídico, los jueces decidieron que el toro podía permanecer. La decisión reconocía que la silueta había superado su función comercial y había adquirido un valor cultural y estético propio. Su permanencia, sin embargo, quedó sujeta a una condición clara. El nombre de la marca Osborne y cualquier referencia al brandy debían eliminarse por completo. Lo único que debía quedar era la silueta negra recortada contra el horizonte.

Dónde ver los toros de Osborne durante tu viaje
Hoy en día quedan alrededor de 90 Toros de Osborne repartidos por la red de carreteras de España. La mayoría se concentran en Andalucía, Castilla y León y Castilla-La Mancha. Quien conduce desde Madrid hacia el sur suele encontrarse con varios a lo largo del trayecto. Todos están situados en colinas o puntos elevados para garantizar la máxima visibilidad.
También hay regiones donde no se ve ninguno. En Cataluña, el último toro fue derribado durante protestas y nunca volvió a instalarse. Lo mismo ocurre en Cantabria y en Murcia, donde estas estructuras simplemente no existen.
Para quienes quieran ver cómo eran originalmente, hay dos ejemplares que aún conservan el nombre de la marca. Se encuentran en las instalaciones de Bodegas Domecq, dentro del recinto del aeropuerto de Jerez de la Frontera. Al tratarse de terreno privado, la legislación de carreteras que obligó al resto de toros a eliminar el nombre «Veterano Osborne» no se aplica en este caso.

El Toro de Osborne en Monegros y su conexión con el cine
Este toro en el desierto de Aragón se convirtió en un icono pop gracias a la película Jamón, Jamón (1992). Fue aquí donde el director Bigas Luna reunió a Javier Bardem y Penélope Cruz antes de que se convirtieran en estrellas internacionales. En la película, el toro aparece de forma recurrente y se presenta casi como un personaje, estrechamente ligado al paisaje áspero y seco de la España rural.
Este es también uno de los pocos Toros de Osborne que se pueden visitar de cerca. Hay aparcamiento justo debajo de la estructura, una gasolinera en las proximidades y acceso sencillo desde la carretera. Para quien esté pasando por la región de Monegros, la parada es rápida y suele resultar más interesante de lo que parece a primera vista. El toro se encuentra en el kilómetro 390 de la carretera N-II, en pleno desierto de Monegros.








