Soy una apasionada total de mi club de fútbol en Brasil. Y cuando digo «apasionada», no me refiero solo a que veo los partidos por la tele.
Si hay algo que he echado de menos de verdad desde que me mudé a España, es estar metida en medio de la hinchada, cantando, gritando y animando hasta el pitido final. Llevo tres años viviendo aquí y confieso que he evitado ir a los estadios porque siempre me habían dicho que los aficionados españoles eran más reservados. Me contaban que lo máximo que hacían era dar un aplauso educado y que casi nadie se levantaba del asiento ni para celebrar un gol.
Para ser sincera, en muchos casos es verdad.
Pero al estilo brasileño, si vas a ver un partido sentado, mejor te quedas en el sofá de tu casa que es mucho más cómodo. Cuando estás en el estadio no vas solo a mirar el juego, sino que vas a apoyar a tu equipo, a ser el jugador número doce y a gritar para sacar el balón de la línea de gol si hace falta.
Dos Atléticos y una sola alma
Fui con mi novio, Jon, que es un fiel seguidor del Atlético de Madrid. Da la casualidad de que mi club en Brasil se llama Atlético Mineiro, y Jon me enseñó que nuestros equipos tienen mucho más en común que solo el nombre. Los dos tienen un talento especial para hacernos sufrir hasta el último segundo, convirtiendo una victoria fácil en una lucha complicada y haciendo que lo imposible se vuelva real.
Por eso, no es raro que nuestros gritos de guerra sean prácticamente hermanos:

«Eu acredito!»
(¡Yo creo!), de mi Atlético Mineiro

«Nunca dejes de creer!«
de su Atlético de Madrid.
Es un sentimiento de sufridores, una auténtica prueba de fuego para el corazón en cada partido.
El estadio y el ambiente
El Metropolitano es otro nivel. Es moderno, está limpio, se organiza de maravilla y es superfácil llegar hasta allí.
El Metro (Línea 7, parada Estadio Metropolitano) te deja en la misma puerta y es sin duda la mejor opción. Si vienes en coche, vas a tener que llegar muchísimo antes o te comerás un atasco de locos, y al final acabarás aparcando lejísimos.
Antes del partido, toda la zona de fuera se convierte en una fiesta enorme. Hay una explanada gigante llena de bares, food trucks y puestos donde la gente se junta para comer, beber y cantar. Lo mejor es llegar al menos una hora y media antes para vivir ese ambiente previo, que para mí es de lo mejor de ir al fútbol.




Detrás de la portería (y cerca de los Ultras)
El partido fue contra el Osasuna y el Metropolitano estaba a tope. Hubo un gol anulado en la primera parte para meterle emoción al asunto y al final el Atleti ganó 1-0. Estábamos sentados en el fondo, muy cerca de la zona de animación, y ahí fue donde empezó lo bueno.
A diferencia de otros campos de aquí, los ultras no pararon de cantar ni un minuto. Tienen a una persona de espaldas al campo que dirige los gritos y las canciones durante todo el partido. Ver las banderas y escuchar a todo el mundo a la vez te pone los pelos de punta. Salvando las distancias, fue lo más parecido a estar en un partido de mi equipo, el Galo, desde que llegué a España.
Incluso hubo un momento de tensión cuando el Atleti marcó el gol. Salté de alegría y un señor de detrás se quejó porque decía que no le dejaba ver la jugada al ponerme de pie. Pero sinceramente, si no me levanto yo tampoco la veo. El fútbol es pura emoción y no se puede ver sentado todo el rato.
Una sorpresa inesperada
Salí del estadio con una sonrisa y contenta porque al menos no les di mala suerte. Ver de cerca la pasión de la afición del Atlético de Madrid me recordó por qué el fútbol es universal. Cambia el idioma y la forma de animar, pero el sentimiento es exactamente el mismo.
En el fondo me di cuenta de que mi Atlético y el de Jon están hechos de lo mismo, con mucho drama, garra, fe y un amor incondicional.
Consejos útiles
Las entradas
Te pueden costar desde 30 € hasta más de 100 € según el rival y el sitio donde te sientes. Se pueden comprar en la web oficial del Atlético de Madrid y, aunque es un plan caro, te aseguro que no siempre es fácil conseguirlas.
Cómo llegar
La línea 7 de Metro te deja en la misma parada de Estadio Metropolitano. También hay autobuses y zonas de aparcamiento, pero el Metro es con diferencia la opción más práctica.
Antes del partido
Llega con tiempo y disfruta de la explanada porque está llena de bares y puestos de comida con muy buen rollo. ¡El ambiente es increíble!
Durante el partido
No te olvides de la bufanda. No es solo por si hace frío, sino porque todo el mundo levanta la suya cuando suena el himno. Es un espectáculo ver el estadio así y mola mucho formar parte de ese momento.
Para terminar…

Todavía no he ido a un partido del Real Madrid, pero siento que el del Atleti cumplió de sobra y me quitó los prejuicios que tenía sobre el fútbol europeo.
Ver al Atlético de Madrid fue mucho más que hacer turismo, ya que fue como reencontrarme con la emoción pura que te da el fútbol. Me fui con la voz ronca, el corazón a mil y con la sensación de que echaba un poco menos de menos a mi Galo, aunque estuviera a 8.000 kilómetros de su estadio.
Porque al final, ya sea con el «Eu acredito» o con el «Nunca dejes de creer», el sentimiento es el mismo. El fútbol es tener fe hasta que suena el pitido final.









