Toledo es una ciudad para recorrer a pie, pero tener una visión de conjunto lo cambia todo. Eso es exactamente lo que ofrece el Parador. Está en el Cerro del Emperador, al otro lado del río, mirando de frente a la ciudad. El edificio no intenta parecer medieval, pero encaja bien en el paisaje con el estilo de las casas de campo tradicionales de la región. Para quien busca silencio, piscina y Toledo entera enmarcada en la ventana, es una muy buena opción.
Cómo llegar y primera impresión
El Parador Nacional Conde de Orgaz está a 4 km del casco histórico de Toledo, en lo alto de una colina frente a la ciudad histórica. La única forma de llegar es en coche, subiendo la carretera que pasa por el Mirador del Valle.
La primera impresión es la de un lugar con más historia de la que realmente tiene. El edificio no es medieval, pero la arquitectura imita el estilo de los cigarrales, con ladrillo, madera y teja árabe... y convence.
Por dentro, madera por todos lados, vigas en el techo, cuadros en las paredes e iluminación cálida. Al fondo del vestíbulo, la cafetería se abre con una pared de cristal y Toledo entera al otro lado. Spoiler: las vistas son lo mejor del sitio, pero ya os lo cuento con más detalle y muchas fotos.

¿Cómo son las habitaciones?
Las habitaciones son amplias y la decoración sigue la misma línea que el resto del hotel. Es un ambiente cómodo, sin excesos. El baño tiene dos lavabos, bañera y espacio de sobra para dos personas.
Algo que llamó la atención es que la recepción está en la tercera planta y muchas de las habitaciones quedan por debajo. Al estar en una colina, el hotel como que "crece hacia abajo". La mayoría de las habitaciones dan a la zona de la piscina, y las de la primera planta tienen acceso directo a través de la puerta de la terraza de la habitación, que fue nuestro caso. Fue genial, literalmente salir de la cama y caer a la piscina. Las habitaciones con vistas a la ciudad están encima de la cafetería, lo que puede ser algo más ruidoso, aunque es solo una suposición porque no nos alojamos en esa zona.



La comida en el Parador de Toledo
El Parador tiene restaurante formal y cafetería, y los dos están abiertos al público (¡aprovecha!). La cafetería es más informal y tiene una carta sencilla, con ensaladas, bocadillos, pizzas y cosas por el estilo, con precios de entre 15 y 17 euros por plato.
El restaurante es más formal y se recomienda reservar. Ofrecen platos tradicionales de la zona como perdiz, migas y lomo de venado marinado. El postre por excelencia es el ponche toledano, un pastel con base de mazapán. El precio medio ronda los 40 euros por persona sin bebidas, y las raciones son algo escasas para el precio, aunque los platos están bien elaborados.
El desayuno cuesta €22 por persona y puede añadirse a la reserva o ya estar incluido según la tarifa elegida. La selección incluye quesos, jamón, distintos tipos de pan, tomate, además de ser posible pedir platos de cocina caliente como huevos revueltos o fritos, migas y churros.
Las vistas de la cafetería
La terraza de la cafetería tiene vistas a Toledo entera. Desde arriba se ve todo, la Catedral a un lado, el Alcázar al otro, y la ciudad histórica extendiéndose entre los dos. Vale la visita aunque no estéis alojados, aunque sea para tomar un café (o un vino).
¿Y entonces, merece la pena?
El Parador de Toledo no es el hotel para quien visita Toledo por primera vez y quiere pasarse el tiempo recorriendo la ciudad. Estar a 4 km del casco histórico significa depender del coche para todo, y eso cansa (el aparcamiento en la ciudad tampoco es sencillo).
Pero si lo que queréis es disfrutar del propio hotel, la piscina, cenar con vistas y levantaros sin prisas, tiene todo el sentido. Es un hotel que funciona como destino en sí mismo. La experiencia de alojarse en un parador tiene una atmósfera que un hotel normal no tiene, y las vistas compensan cualquier desplazamiento.
Para quienes ya conocen Toledo y quieren volver de otra manera, o para quien busca una escapada de fin de semana con comodidad y piscina, es una opción estupenda.

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