Si alguna vez has conducido por España, seguro que te has cruzado con ese toro negro gigante recortado en el horizonte. Lo que casi nadie sabe es que ese símbolo pertenece a una bodega de más de 250 años, y que se puede visitar su sede en El Puerto de Santa María, muy cerca de Cádiz.
Estuvimos en la bodega Osborne y salimos con el paladar entrenado y la cabeza llena de curiosidades sobre el vino de Jerez. En este artículo te contamos cómo es la visita, qué se ve en cada parte, cuánto cuesta, cómo reservar y qué nos pareció la cata. Si te gusta el vino, la historia o simplemente un buen plan cerca de Cádiz, esta merece la pena.

La bodega Osborne y por qué es famosa
Osborne es una de las bodegas más antiguas de España, en El Puerto de Santa María, Cádiz. Produce brandy y vinos de Jerez, los que dieron fama a esta tierra. Es una de las grandes casas del Marco de Jerez, el triángulo que forman las tres localidades donde se puede elaborar este vino.

La bodega la fundaron en 1772 Juan Haurie y James Duff, pero quien le dio el nombre fue Thomas Osborne Mann, un comerciante británico que entró como socio y acabó haciéndose con el control del negocio. Por entonces eran muchos los ingleses instalados en la zona para producir sherry en el origen, porque en Inglaterra llevaban siglos bebiendo el vino de aquí. La parte española llegó después, cuando la viuda de Thomas se puso al frente de la empresa, que sigue en la misma familia 250 años después.

Lo curioso es que la marca es famosa en el mundo entero por algo que no se bebe. Fue Osborne quien, en 1956, plantó el primer toro negro gigante en las carreteras españolas como publicidad. El toro acabó convertido en un símbolo del país, y hoy mucha gente reconoce la silueta sin saber que detrás hay una bodega. Esa es otra historia, y la contamos neste artigo.

Una curiosidad: sherry, el nombre inglés del vino, no es más que como pronunciaban los ingleses "Jerez".
Cómo es la visita
Lo primero, al llegar, es pasar por la tienda a registrarte con tu reserva. Ahí te dan una pegatina roja, amarilla o naranja según el paquete que hayas contratado. El color indica qué cata te toca al final. Por lo demás, la visita es igual para todos.
Con la pegatina puesta, el grupo (grande, unas 50 personas) se junta en el patio central, a la sombra de las jacarandas y de una magnolia centenaria, mientras la guía cuenta algo de la historia de la bodega. De ahí pasamos a las naves donde envejece el vino. La entrada es de lo más teatral: una puerta enorme que, al abrirse, suelta una brisa borracha desde dentro, mitad vino, mitad destilado y mucha madera. La verdad es que huele de maravilla, y es una de nuestras partes favoritas en cualquier visita a bodegas.
La visita tiene varios puntos interesantes. Disfrutamos entendiendo las diferencias entre los vinos que elaboran (que contamos más abajo) y, sobre todo, paseando entre las botas, que es como se llaman aquí los barriles. Nos fijamos en que muchas bodegas de la zona tienen las botas firmadas, como un libro de visitas, y esta no iba a ser menos. Hasta hay varias dedicadas a los reyes de España.
Hubo un rincón que, para nosotros, fue lo mejor de la visita, Una pared de moldes de tipografía antiguos, las piezas de metal con las que marcaban el nombre de las bebidas en las botas y en las cajas de transporte, letra a letra. Como buena diseñadora gráfica que soy, me quedé allí un buen rato, delante de un detalle que la mayoría ni mira.
La visita no recorre muchos espacios. Es una gran nave de envejecimiento, el museo del toro (del que hablamos ahora) y la zona de cata. Es cortita, pero muy didáctica e interesante.








La Toro Gallery, el museo del toro

Casi al final, la visita pasa por la Toro Gallery, el museo que Osborne montó dentro de la propia bodega para contar la historia de su símbolo más famoso, el toro negro de las carreteras. Cómo diseñadora gráfica, esta parte fue una gozada. La comunicación visual de la marca alrededor del toro es impecable, y el espacio lo luce de maravilla.
Hay un mapa enorme de España que señala dónde está cada toro repartido por el país. Hay toros reinterpretados por artistas, llenos de color, muy lejos de la silueta negra original. Hay un toro gigante hecho solo de cristales Swarovski, que brilla entero. Y hasta hay un vestido, una pieza de moda inspirada en la figura del toro.
También está la botella que Salvador Dalí diseñó para Osborne en 1964, una porcelana blanca que recuerda a un cisne, para el brandy Conde de Osborne. Dalí no solo diseñó la botella, también protagonizó la publicidad de la marca. La guía nos contó que él insistió en que el anuncio mostrara a una mujer probando el brandy, algo impensable en la época, cuando se veía como una bebida de hombres.







La cata
Después de la visita llega la parte que todos esperan. La cata ocurre en una sala al fondo de la tienda. El paquete que cogimos traía 4 vinos, un vermú y unas patatas para limpiar el paladar entre uno y otro. Había otros paquetes, con menos vinos o con tablas de embutidos.
Probamos un fino, un oloroso, un medium, un cream y un vermú. El fino, como bien recomiendan, se sirve bien frío (por eso en la foto la copa está vacía). Ahora vamos con la opinión. Y avisamos ya de que es NUESTRA opinión, ¿eh?
Cuando dicen que el fino es el vino más seco del mundo, es porque es el equivalente vinícola a morder un plátano verde. Se te seca la boca entera. No es nuestro favorito, aunque entendemos que para mucha gente lo sea, va en gustos. El oloroso, para nosotros, es como un fino con algo más de cuerpo y de nariz, pero igual de seco. El medium fue nuestro favorito, tiene un dulzor que corta esa sensación de lamer el mango de un paraguas. El cream es aún más dulce, y rico sin llegar a empalagar. El vermú cierra bien, equilibrado, con un punto a caramelo que le pega. Una cosa que en esta cata no había, pero que hemos ido descubriendo por nuestra cuenta en otros sitios: el medium y el cream con un queso curado, tipo manchego, son una combinación buenísima. Ahí queda el consejo.
Eso sí, ojo, porque cada uno de estos vinos ronda entre el 14 y el 24 % de alcohol, así que puedes salir bastante contentillo. Tenlo en cuenta si vas a conducir, que son vinos fuertes.
En general, la cata nos encantó. Y, como está colocada estratégicamente al fondo de la tienda, acabamos dejándonos algo de dinero allí, que el borracho tiene la mano suelta, ¿no? jaja
Un poco de teoría: los vinos de Jerez

Somos aficionados al vino y siempre disfrutamos cuando explican bien los procesos, y aquí resultó muy interesante entender los distintos tipos que hacen. Los vinos de Jerez pueden elaborarse con tres uvas. La principal es la palomino, base de todos los secos. Las otras dos, pedro ximénez y moscatel, dan los vinos más dulces.
La flor
Existe una capa de levaduras vivas (que se llama flor) que puede formarse o no dentro de la bota mientras el vino envejece, y es uno de los factores que más determinan qué vino sale.
Donde la flor crece y cubre el vino, lo protege del aire y da los tipos más claros y secos. Donde no se forma, el vino queda en contacto con el aire y envejece oscuro y con cuerpo.
Fino
El vino más seco del mundo*, pasa 4 años en bota. Siempre bajo la flor, por eso es muy clarito. De sabor muy seco, se sirve frío.
*Menos de 1 g de azúcar por litro.
Amontillado
Empieza como un fino, bajo la flor, pero en algún momento pierde esa capa y empieza a coger aire. Se vuelve ámbar, con más cuerpo, y también bastante seco.
Oloroso
Nunca tuvo flor, en contacto con el oxígeno todo el rato. Oscuro, potente, aromático y también bastante seco.
Medium
Una mezcla de oloroso (90 %) con un poco de pedro ximénez (10 %), que suaviza el punto seco. Se queda a medio camino, y fue nuestro favorito.
Cream
La misma mezcla, con más pedro ximénez (80 %), lo que lo deja bastante más dulce. Oscuro, aterciopelado, casi un postre.
Pedro Ximénez
Hecho solo con la uva pedro ximénez, secada al sol hasta quedar pasa, lo que concentra todo el azúcar. El vino más dulce del mundo*, muy oscuro y con cuerpo.
*Más de 450 g de azúcar por litro
Criaderas y soleras, el sistema de envejecimiento
Las botas se apilan por niveles de envejecimiento. El nivel con el vino más viejo es la solera. Los demás, con vinos cada vez más jóvenes, son las criaderas.
El vino que se va a embotellar se saca siempre de la solera, y nunca más de un tercio de la bota. Ese hueco se rellena con vino del nivel inmediatamente más joven, que a su vez se completa con el siguiente, y así hasta arriba.
Con este trasiego constante, ninguna bota guarda vino de una sola añada, y en cada botella acaba habiendo trazas centenarias de vino desde el inicio de la producción.
Como es una operación tan delicada, del movimiento del vino se encargan solo dos personas muy especializadas, para no dejar margen de error. Imagínate que un despistado mezcla una bota con otra que no tocaba y echa a perder siglos de sabor.

Información práctica
Dónde está
Bodega de Mora, Calle Los Moros, 7, El Puerto de Santa María, Cádiz. Está en el centro, se llega andando.
Cómo llegar y aparcar
La bodega no tiene aparcamiento propio. Las zonas gratuitas más cercanas son la de la Plaza de Toros y la de la Avenida de la Bajamar.
Tipos de visita y precios (por persona)
Estándar: con 4 vinos, un vermú y aperitivo: 26,50 €. Es la que hicimos.
Niños de 6 a 17 años pagan 5 €.
Con ibéricos Cinco Jotas: 38,50 €.
También están las versiones VIP y Premium (esta con 3 vinos VORS, los más viejos de la casa), más caras, además de una cata autoguiada y otra de vinos en rama. Si buscas algo así, échale un ojo a la web.
Horarios
Cada visita suele ser en un idioma:
- Inglés: 10h
- Alemán: 11h
- Español: 12h e 19h30 (no verão, de 1 de junho a 15 de setembro)
Duración
En torno a 1h30.
Reserva
Obligatoria, por la web oficial o por teléfono en el +34 956 869 100.
Preguntas frecuentes
Sí, la reserva es obligatoria. Puedes hacerla por la web oficial o por teléfono en el +34 956 869 100.
La visita estándar, con cuatro vinos, un vermú y aperitivo, cuesta 26,50 € por persona. Los niños de 6 a 17 años pagan 5 €. Hay opciones más completas, como la de ibéricos Cinco Jotas (38,50 €).
En torno a 1h30, entre el recorrido por la bodega, la Toro Gallery y la cata.
Sí, los niños son bienvenidos y pagan entrada reducida. Eso sí, ten en cuenta que la visita gira en torno a la producción y la cata de vino.
No. La visita lo explica todo desde cero, desde qué es la flor hasta los tipos de Jerez, así que se sigue sin tener ni idea del tema. Al final, la cata ayuda a notar en la práctica la diferencia entre un vino y otro.















