
Pasamos dos noches en el Puebloastur, un hotel de cinco estrellas en Cofiño, un pueblo pequeño del campo asturiano. Está en el valle del Sueve, rodeado de montañas, con los Picos de Europa al fondo.
En este artículo contamos cómo fue la estancia, de la habitación al spa, qué se come allí, cuánto cuesta y si merece la pena.
Qué esperar del Puebloastur

El Puebloastur es un hotel de cinco estrellas pequeño e íntimo, con pocas habitaciones y aire de hotel boutique. Tuvimos la suerte de alojarnos allí como regalo de familia, y adelanto que puedes poner el listón bien alto.
Qué esperar, en una frase, es un hotel para no hacer nada. No es sitio de salir pronto y volver tarde. Es sitio de despertarse sin despertador, pasar la mañana en el spa, comer allí mismo y ver caer la tarde mirando la montaña.
Y mirar la montaña ya es actividad suficiente. El hotel está en la ladera, con una terraza orientada al valle, y el paisaje se cuela por todas partes. En la habitación, un ventanal del suelo al techo enmarca el verde y las montañas al fondo. Fuera está la piscina infinita sobre el valle, y desde ahí se disfruta de las vistas como un marqués.
El servicio está a la altura. Se nota ya en el check in, que ni siquiera fue en el mostrador. Nos sentaron cómodamente y nos trajeron dos copas de rosado que ellos mismos elaboran, en su bodega, a pocos minutos del hotel. Estuvimos allí sentados con la copa y, en algún momento, alguien apareció con el papel para firmar. La presentación del hotel vino después, todavía con la copa en la mano. Esa atención no se afloja en ningún momento, y nunca resulta impostada.
El dueño es un apasionado del arte, y el hotel ha acabado reuniendo cerca de cien piezas repartidas por salones, pasillos y rincones de lectura. Hay un Miró, hay un Picasso, y acabas dando vueltas por el hotel solo para ver qué aparece. La pieza que más impresiona está en la plaza central, una reproducción gigante del Newton de Dalí, de las que solo existen ocho ejemplares autorizados en el mundo.
Fuimos en agosto, temporada alta, y había bastantes familias con niños alojadas. Aun así, aquello era un silencio, sin correteos por las zonas comunes. Nunca he visto niños tan bien portados en mi vida.





Dónde está el Puebloastur y cómo llegar
El hotel está en Cofiño, un pueblo cerca de Arriondas, en el valle del Sueve. Es zona rural, sin comercios ni restaurantes alrededor.
Distancias
- Arriondas: el pueblo más cercano, unos 10 minutos en coche
- Covadonga: 20 km
- Costa asturiana (Colunga): 18 km
- Aeropuerto de Santander: 1:30h en coche
Cómo llegar
Hace falta coche. La carretera sale de Arriondas por la AS-260 y sube hasta Cofiño.
Sin coche, la opción es llegar hasta Arriondas, que tiene estación de autobuses y de tren, y coger un taxi desde allí, unos 10 minutos. El hotel también ofrece traslado desde el aeropuerto, cobrado aparte, en torno a 240 € por persona ida y vuelta.
La habitación y las vistas
La habitación es grande y cómoda, pero aquí lo que manda es el ventanal, que va del suelo al techo y ocupa la pared entera. Puedes trabajar, tomarte un vino o no hacer nada con el valle delante.
Conviene aclarar una cosa. Muchas webs venden el hotel como si estuviera frente a los Picos de Europa, y no es exactamente así. Los Picos quedan de lado, y se ven desde la terraza del restaurante, mirando por el costado del hotel. Desde la habitación, la vista es de las montañas del entorno, que ya es preciosa de por sí.
El baño fue la otra sorpresa. El suelo de la ducha tiene una textura mullida, nada que ver con el azulejo frío de siempre, y la ducha es una placa cuadrada empotrada en el techo que cae como lluvia. La temperatura la eliges en un panel digital de la pared antes de entrar, así que el agua sale en su punto desde el primer segundo.
Hay una tablet en la habitación que sirve para todo, del servicio despertador a la lavandería. Y ahí fue donde descubrimos que existe la carta de almohadas. Varias opciones, microfibra, cervical, plumas, algodón, viscoelástica, cada una con foto y descripción, como una carta de restaurante. ¡Cómo viven los ricos!
Nos alojamos en la Panorámica Nature, una de las ocho categorías del hotel. Las otras panorámicas (Terraza y Deluxe) suman terraza y salón unido al dormitorio. Después vienen las suites, con salón aparte, terraza y jacuzzi, hasta llegar a la Gran Suite, que aloja a ocho personas en cuatro habitaciones y cuatro baños. Para dos, la Panorámica Nature es más que suficiente.
El spa Nature y el circuito de aguas

El circuito dura 90 minutos, aunque es más una referencia que una norma. El día que fuimos estaba tranquilo, solo nosotros y otra familia, y nos dijeron que podíamos quedarnos más rato si queríamos.
La piscina de hidroterapia es grande y cubierta, con ventanales al jardín, y tiene chorros a distintas alturas, para la zona lumbar, las piernas y los pies, además de una cama de burbujas. La piscina continúa hacia fuera, así que puedes salir nadando hasta el jacuzzi exterior sin salir del agua. Ese es el mejor momento de todo el circuito, allí sentado frente al Newton de Dalí.
El circuito incluye también sauna seca, baño turco y una zona de duchas de sensaciones, con cabinas individuales de mosaico y agua fría, de contraste y con aromas.
Entre medias hay una zona de descanso con tumbonas. La atención es la misma que en el resto del hotel. Alguien pasa ofreciendo fruta, agua e infusiones, y te lo sirve allí mismo.
El circuito de aguas es solo una parte del spa. Hay una carta amplia de masajes, del relajante completo al deportivo, además de reflexología podal, drenajes y tratamientos faciales y corporales, como exfoliaciones y rituales de pareja. Fuera del spa, el hotel también organiza yoga al aire libre y baños de bosque en la finca, el shinrin-yoku japonés. Nosotros no hicimos nada de eso y nos quedamos en el circuito, pero conviene saber que hay bastante más.






Qué esperar de la comida en el Puebloastur
Todo sale de la misma cocina, dirigida por el chef Ramón Celorio, con producto de proximidad y materia prima de la zona. Lo que cambia es el ambiente y el formato.

El menú degustación
Comimos una vez en el restaurante, un menú degustación de 75 € por persona con bodega incluida. También puedes comer por carta.
El menú empieza con croqueta cremosa de jamón ibérico, sigue con puerros confitados, guiso de centollo con ahumado de Pría, pesca del día y meloso de ternera con setas silvestres y crema de patata, y cierra con panna cotta de plátano, caramelo salado y helado de galleta.
Lo mejor fue el meloso de ternera, que se deshacía en la boca. La panna cotta también estaba muy buena.
La calidad está fuera de discusión, pero las raciones son justas. Si llegas con mucha hambre, puedes levantarte de la mesa queriendo algo más.
Merece mención cómo tratan a los celíacos. Quien no toma gluten recibe exactamente el mismo plato que el resto, solo que en su versión sin gluten. La croqueta, por ejemplo, salió por duplicado, una con y otra sin. Nada de menú aparte ni de sustituciones improvisadas.
El desayuno
El desayuno también funciona por pases, servidos en la mesa.
Primero llegan el café, el zumo de naranja natural y un zumo detox. Después la fruta, con yogur, chía y frutos rojos.
A continuación la cesta de panes y bollería, con croissant, napolitana de chocolate y panes artesanos. Y también el jamón ibérico con tomate, la mantequilla y la mermelada, todo servido sobre pizarras.
Y por supuesto los huevos. Te preguntan cómo los quieres y te los hacen al momento. Nosotros los pedimos escalfados y llegaron en su punto exacto, con un pimentón ahumado por encima que lo cambia todo.
La cafetería de la terraza
Las dos cenas las hicimos en la cafetería exterior, con la mesa mirando al valle. Queríamos algo más informal. La carta es corta, con sándwiches, ensaladas y alguna cosa más.
Pedimos la misma ensalada las dos noches, de lo buena que estaba. Lo que marca la diferencia es la calidad del producto y el aliño, un buen aceite y un vinagre de chardonnay del Penedès, agridulce, que levanta el plato entero.
La segunda noche pedimos además una tabla de quesos, y había uno que no se nos ha olvidado, el Tres Leches Rojo de Pría. Es un queso azul asturiano de vaca, oveja y cabra, con pimentón picante en la cuajada, que le da ese color anaranjado y un picor que va subiendo poco a poco. Nos gustó tanto que, al salir, nos acercamos a Pría, donde lo hacen, a comprar una cuña.
Entre las dos noches, con una botella de vino cada una, la ensalada las dos veces y la tabla de quesos la segunda, la cuenta fue de 60 €, cargados al hacer el check out. Para un cinco estrellas, es una cena barata.
¿Cuánto cuesta?
El Puebloastur es caro. La tarifa varía según la temporada y la categoría, pero ronda los 400 a 450 € en la Panorámica Nature. En las suites puede llegar a los 1.000 €.
Conviene mirar bien qué incluye el paquete. En las tarifas más básicas, el desayuno y el acceso al spa se cobran aparte, 35 € y 40 € por persona y día. La mayoría de los paquetes del hotel ya cubren los dos, como fue nuestro caso.
Los restaurantes van aparte. El menú degustación son 75 € por persona con bodega incluida, y la cafetería de la terraza sale mucho más barata. Nuestras dos cenas fueron 60 € en total.
Entonces, ¿merece la pena?
Merece la pena si quieres no hacer nada durante dos o tres días, alternando spa, piscina, comidas y vistas. Ahí el dinero se justifica.
No merece la pena como base para recorrer Asturias. Estarías pagando cinco estrellas para dormir y salir corriendo por la mañana, que es justo desaprovechar lo mejor del hotel.
¿Volveríamos? Sí, sin pensarlo. Es un hotel para quien puede gastarse ese dinero sin que el viaje entero dependa de ello.





















